El regreso de Eva (III)



- No te embales.
-¿Con qué chicos cuento?
-Tienes a Melgarejo y Moyano.
- Entonces, lo comido por lo servido.
- ¿Algo más?

Repasé mentalmente el protocolo por si había pasado algo o alguien por alto. Para pensar mejor encendí otro pitillo…
——
-Ah, una última cosa (dijo Valdiós).
-Sí, mi comisario.
- En la esteticiene está de turno Carla. Ya lo siento. Llámame mañana para darme parte.

Y colgó.

Carla Giner era doctora en el Anatómico Forense y la esteticiene el nombre que empleábamos nosotros, en nuestra excelsa delicadeza, para referirnos al mismo.

Pero sobre todas las cosas, destacaba el hecho de que Carla era mi mujer.

Bueno lo había sido. Llevábamos un año separados por desgracia para mí. Había sido capaz de enamorar a la mujer más increíble que nunca me pasaría cerca y con la misma habilidad lo jodí todo. Tener habilidades adquiridas lo llaman ahora.

Llame a Mosquero mientras me vestía tras una ducha rápida que no terminó de quitarme la modorra. Estábamos en otoño avanzado por lo que me puse un suéter de cuello alto bajo la chaqueta forrada impermeable. Estaba haciendo frío de verdad en las últimas noches y no era cuestión de pillar un resfriado por cortesía del comisario.

El teléfono alcanzo a rozar el segundo timbrazo cuando tuve a mi segundo al otro lado de la línea.
——
-¿Roberto?
-¿Quién habla?
-Soy de Lorenzo. Siento llamarte a estas horas, pero tenemos curro.

En el auricular escuchaba de fondo una música apagada, por lo que supuse que Mosquero había encontrado algo mejor que hacer que dormir a aquellas horas.
——
-¿De que se trata?
- Pensé que te habrías enterado ya. Tenemos un ahogado bastante rarito, en la oliva. Por cierto ¿Dónde estás metido?
-En el puti de la Anselma. Al final me he animado a venir para hablar con las niñas acerca del asunto de los rusos. Algo sacaremos, o eso creo.
- Nunca paras ¿eh?

- Jefe, me han llamado tres veces esta semana. No he podido decirles otra vez que estábamos en ello. Es lo que toca.
-Bueno, pues dale un besito a las chicas de mi parte, paga lo consumido y vete para la playa, que esto me lo quiero quitar pronto. Nos vemos allí y calibramos si es necesario llamar al resto o se puede levantar al muerto a pulso.
-Vale, pues nos vemos allí. A sus órdenes.
-Hasta ahora, gracias.

No tenía ganas de llamar a la Sala, al centro de emergencias de guardia, para saber si habían enviado algún vehículo zeta a la zona para acordonarla. Supuse que mis compañeros habrían hecho bien su trabajo y no nos encontraríamos la escena rodeada de turistas a la búsqueda de su ración de morbo.

Ya en el coche me encerré en mis pensamientos. Pugnando por el deseo y el miedo que, a la vez, me producía la posibilidad de llamar a Carla para recoger el fiambre. Sabía que el juez de guardia, al que disfrutaría levantando del jergón en pocos minutos, la terminaría convocando a la fiesta.

Aquello olía a asunto jodido, por mucho que yo quisiera convencerme de lo contrario. Pero, ahora pasado todo, no me doy cuenta de cuan poco mienten las la primeras impresiones.

Mientras conducía despacio y en silencio por las calles vacías de la ciudad iba ordenando los datos que me había facilitado el comisario. Intenté ponerme en la situación de la persona cuyo cuerpo sin vida iba a ver en breve. Quise imaginarme cómo sería morir respirando un flujo constante de agua salada, agonizar mientras la luz desaparece tras el espeso muro del agua amenazante.

Me estremecí.

Enfile el coche hacía el camino de rocas artificiales que marcaban el espigón recortado contra un cielo sin luna y entonces capté la primera señal desagradable. La señal que daba al traste con mis ganas de dormir, mi día de libranza y mis cavilaciones solitarias.

Cerca de donde el mar se libraba de la prisión del espigón, en la zona más alejada de la tierra firme, violando la tersa oscuridad que emergía de las olas, se alzaba un foco de luz producido por las lámparas del equipo de la científica.

Poco después intuí en la oscuridad el coche aparcado de Mosquero, que ya había llegado e imaginé el olor a colonia barata que lo inundaría por dentro. Casi al final del espigón aparque junto a la siniestra furgoneta de Caballero y el equipo de la científica, con sus letras de tipografía americana destacando en el lateral.

Supuse que, por ahorrarme una llamada desagradable, tendría que cobrar la bronca por llegar el último.

Abrí el maletero mientras el frío de la noche comenzaba a darme el primer parte de hechos. Todo cuenta. Tras veinte años en homicidios el mundo de las sensaciones ya ha comido demasiado terreno al de las certezas como para volver atrás.

El Regreso de Eva (II)


Capítulo Primero
Los que devuelve el mar

El sonido se fue acercando como una niebla baja y húmeda. Me incorporé ligeramente de la cama sobre el codo. Encendí la lámpara y sólo entonces recordé que estaba estropeada desde hacía semanas, víctima de mi incapacidad para recordar que debía cambiar una bombilla fundida.

Volvió a llegar a mi cerebro la melodía afilada del teléfono, desde la mesilla de noche que se levantaba a mi lado. Pensé, mientras escapaba de una densa quietud, lo mucho que me joden las prisas y aquello quienes las fabrican.

Tras sentarme en el borde de la cama tantee la mesita hasta dar con el tabaco. Saque un cigarrillo con los dientes y me lo encendí rápidamente. En ese momento desee como un niño que el timbrazo no se repitiera.

Pero allí seguía erre que erre. Sin la menor duda, el cabrón que se empeñaba en romper mis pesadillas, era terco. Alcance, de pronto, la certeza de que me estaba meando sin remisión. La cerveza que había bebido, hacía sólo unas horas, mientras cenaba con aquella chica de vuelo corto (Lucía, Luisa, algo así) reclamaba su libertad.

Y el teléfono volvió a sonar, pero esta vez, para mi desconcierto, lo hizo el móvil también desde la mesilla. Esta nueva circunstancia ralentizó un poco más las conexiones neuronales de mi cabeza, y redujo a un selecto grupo las personas que podían encontrarse al otro lado de la línea.

Antes de coger ya supe que no sería una llamada inocente de cualquier chica que hubiera conocido en el último año ni el encargado del videoclub cercano que me perseguía periódicamente por una cinta no devuelta. Ni tampoco sería Carla, por mucho que yo lo deseara.

Alguien que me llamará al móvil de madrugada, tras intentarlo como un poseso en el fijo, sólo podía ser mi jefe ó un hijo de puta con ganas de reclutarme para el infierno. Con algunos matices, venía a ser más o menos lo mismo.
­­——
- De Lorenzo al habla.
- Tienes el oído duro, ¿eh? ¿Donde coño andas chaval?
- Durmiendo a sus órdenes, mi Comisario.
- Bien, nos vamos entendiendo.
——
Esta era la primera mentira de la llamada, el Comisario Carlos Valdíos y un servidor no se habían entendido nunca. Él era un mito en el Cuerpo, una percha de medallas ganada en una vida de despachos y broncas a sus subordinados. Y a mí me consideraba un imbécil con suerte. Lo cual tenía gracia porque era justo lo que yo pensaba de él.
——
-Han llamado de la sala, hay marrón en el puesto.
-Sí, muy bien, mi comisario pero yo estoy de libre hasta pasado mañana. ¿No está Troski de guardia?
- Cállate y escucha. Tenemos un ahogado con mala pinta en el espigón de la oliva.
- Señor, los ahogados suelen tener mal aspecto. Si esa es su duda.
-Lorenzo, si vas a seguir bailándome me gustaría saberlo. Igual me compensa pedirte en matrimonio.
-Lo siento mi comisario, son las cuatro de la mañana y me estoy meando casi de nacimiento.
-Vale, pues ve a pasearla y vuelve al teléfono.
——
Obedecí su sugerencia dejando el móvil sobre la cama deshecha. Me levanté con la cabeza dando vueltas. Pensé en la putada intrínseca que podía redundar de la suma del ahogado, las cuatro de la mañana y el jefe con ganas de guerra.

¿Qué cojones pasa con Troski, no es el salvador de los trabajadores libres? (Exclame entré dientes). Me cabreaba por momentos al detenerme en el recuerdo lejano de Lucía, Luisa, yoquesé y la estampa compuesta por el comisario en bata de franela con el teléfono en una mano mientras con la otra se rascaba. En mitad de la tarea discutí la situación conmigo mismo:

Me ha cogido sobrio, sólo un ahogado. Con suerte lleva el dni encima, un paseo por la playa y en un par de horas de nuevo en la cama, hasta que se me olvide.

——
Regresé al teléfono:
-Ya estoy de vuelta.
-A ver si ahora mantenemos una conversación normal.
- Venga ese buzo.
- El que hizo la llamada, parece que desde la misma playa, dijo algo de que el ahogado tenía un agujero en la cabeza.
- Los peces, tal vez.
-Peces curiosos, en cualquier caso. Tiene mala pinta, a menos que haya estado mucho tiempo en el agua.
- ¡Joder! (exclame). No tengo cuerpo para hacer un tetris con un fiambre.
-No sé como será la escena, pero llégate cagando leches, igual no es para tanto. Llévate a Mosquero, que está en planta y probablemente ya esté avisado.
-¿Caballero?
-Avísale tú mismo en caso de que sea necesario.
- Me deja lo mejor, Señor.
——
Caballero, el responsable de la científica que trabajaba con nosotros, era el infierno en la tierra a cinco minutos de coger las vacaciones. En sábado, a tres horas de amanecer, llamarle sería como acariciar el pelo a un maníaco mientras le das a comer su propia mierda.
——

El regreso de Eva


Nota: Después de meditarlo comienzo a volcar en este blog un relato por capítulos. Espero que sus detractores sean tantos como sus lectores.


EL REGRESO DE EVA

La herida (Prólogo)

La mujer había quedado en una postura truncada, obscenamente expuesta, como un puzzle al que hubiesen hurtado piezas. En aquel momento aquella visión me transportó al interior de un lienzo: una suerte de bodegón de caza con un solitario faisán putrefacto entre frutas de aspecto rutilante.

Per me si va nell’a cita dolente, per me si va nell’eterno dolore, per me si va tra la perduta gente.

Dante, la Divina Comedia, la puerta del infierno. Sus ojos, como una llama azul, que en vida debieron ser hermosos, como el mar en tormenta, ahora eran únicamente un camino inverso al infierno. En ellos se dibujaba la vieja partitura que dicta la llamada del pánico. La misma sinfonía que oirán los condenados en el último día.

Sufrimiento y sorpresa; siempre la misma conjunción en la mirada de aquellos de cuya vida nada se espera; aquellos que, nadando en la vulgaridad, encuentran la mejor curva de su vida lineal en una muerte violenta. La muesca de celebridad en el árbol de una existencia gris.

Estaba echada sobre un enorme sofá de un blanco luminoso. La tela límpida ahora se adornaba de vetas marrones y rojas que se extendían como una mano abierta desde la cabeza de la mujer. El dibujo alcanzaba de este modo el suelo, trazando hermosos laberintos de sangre, reseca y a punto de cuajo, hasta los pies de alabastro de la chica.

Sus pies. Jóvenes, sensuales y apetecibles, de tobillos bien torneados y piel cuidada, con pedicura esmaltada en negro. En su talón quedaba la marca de dureza de quien se ha sacrificado demasiadas veces por dominar sobre tacones imposibles.

Sólo, en mitad de la habitación de aquel hotel de citas seminuevo, me propuse abstraerme en la contemplación de su cuerpo, sólo cubierto por un salto de cama oscuro, de encaje. Y ahí estaba el bodegón, ahí tenía su origen mi viaje espiritual. La criatura que se mostraba ante mí, perdido ya su último aliento, juro que era la más hermosa que había visto a lo largo de toda mi vida.

Su cuerpo era la síntesis de lo que debió ser la primera mujer. Un paraíso empeñado en imitar las siluetas de mis sueños. Todo en ella era anticipo de aquella fruta prohibida que volvió loco al pobre de Adán y a mi me turbaba sobremanera, pese a estar velada por el fino tejido y la penumbra de la estancia.

Cerré los ojos con la intención de enterrar para siempre en mis recuerdos la imagen que acababa de robar. Pensé que alguien había matado a Venus y debía pagar por ello. Vinieron a memoria, una vez más, aquellos versos de Rilke en los que se promete que la belleza antecede a lo terrible y es lo último que los hombres podemos soportar.

Caí en la cuenta de que, mientras fluían mis cavilaciones, escondido en la penumbra del mundo, aún pisaba las calles alguien que no había tenido reparos en desdibujar aquel poema hecho carne.

Un aliento frió me invadió de improviso la cabeza.

y Entonces sonó el teléfono… Y todo echo a andar. (Continuará)

Extraños lazos



Todo ha podido ser pura coincidencia. En Navidad apareció un chico de una empresa auxiliar de aeronáutica muerto en la superronda de Sevilla, aun no se ha sabido nada. El padre de Marta también trabaja en una auxiliar aeronáutica. Posiblemente todo sea pura coincidencia.

Más madera!!


Sede central del CNI (Google Earth)

Vía EFE.-"El Gobierno ha autorizado este viernes la contratación de las obras para la construcción de un edificio de oficinas que albergará a 300 trabajadores del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), por importe de 17.151.875 euros.

El Consejo de Ministros, que ha autorizado la celebración del contrato para la construcción de este edificio, ha distribuido su coste en tres anualidades, a pagar entre 2.008 y 2.010.

El Gobierno explica que la ampliación de la plantilla del Centro Nacional de Inteligencia en los últimos años ha hecho necesaria la ejecución de un edificio para oficinas, que albergará aproximadamente trescientos puestos de trabajo. La obra se realizará sobre unos terrenos propiedad del Ministerio de Defensa y tendrá comunicación con las instalaciones del Centro Nacional de Inteligencia mediante un vial de accesos".

Tras la construcción del nuevo 'hexágono', un edificio más, y encima parece que se vuelve a los errores del pasado. Antes de crearse una sede central se tenían varias sedes distribuidas por Madrid, amen de los pisos camuflados en media España.

El nuevo inmueble, por lo que se entiende del texto, no estará en la cuesta de las Perdices.

A cara descubierta


El presidente Bush en la sede de la CIA.

revista de prensa (Anda que 'los primos' estarán contentos.

M.VALLÉS/F.A./M.G. PALMA.
(...)¿Cómo se explica que espías educados en el sigilo efectúen llamadas desde las inseguras líneas telefónicas de hoteles en Palma -el Meliá Victoria- y Eivissa -el Royal Plaza? El amor siempre es una excusa, pero las suculentas dietas que la CIA abonaba a sus equipos de secuestradores no se hubieran resentido de haber amparado sus secretos personales en las redes ultraprotegidas que utiliza la inteligencia norteamericana para sus comunicaciones internas. La explicación rondaba el vodevil. Un espía llamaba a la esposa de otro espía, y no le interesaba demasiado dejar huellas de esa relación en la Agencia.

La añoranza y los deslices sentimentales pueden resultar fatídicos para la impunidad de los trece miembros de la CIA y de las Fuerzas Especiales que, con base en Son Sant Joan y a lo largo de una semana trepidante, secuestraron al menos a siete personas, en otros tantos países y sin interferencia judicial. Sólo se conoce la identidad de dos de las víctimas, Khaled El-Masri -capturado por error, torturado y liberado tras meses de cautiverio- y Binyam Mohamed -vendido por Pakistán a Estados Unidos a cambio de una recompensa, torturado y recluido actualmente en Guantánamo-.

Los trece secuestradores se registraron en los hoteles Meliá Victoria, Marriott Son Antem y Royal Plaza con identidades falsas. Esta ocultación de los pilotos y los copilotos es la primera, aunque no la más grave, de las ilegalidades cometidas por los espías. No fue detectada por las autoridades españolas a lo largo de medio centenar de vuelos. Sin embargo, y a partir del listado aparecido por primera vez en este diario, diversos medios han reconstruido el verdadero nombre de los tripulantes y han localizado su domicilios. Los gobiernos europeos ya no pueden hablar de los espías como una entelequia.

La instrucción penal iniciada en Mallorca por el juez Antoni Garcias -a partir de las primeras informaciones de este diario, arranque de la denuncia de un grupo de ciudadanos- conectó con Alemania, donde estaba nacionalizado el secuestrado Khaled el-Masri. La fiscalía de Múnich solicitó los datos obrantes en la isla para cursar órdenes de detención a través de Interpol, pero con las identidades falsas. Esa disfunción ya puede ser corregida.

Los espías conservaban su nombre verdadero -Kirk, Eric, James-, como medida de precaución para evitar equivocaciones indeseables. Sin embargo, modificaban radicalmente su apellido. Al igual que los terroristas de Al Qaeda, efectuaban minúsculas variaciones en sus linajes cuando eran obligados a inscribirse en un establecimiento, para hacer laberíntico un hipotético rastreo. Con un sentido del humor que contradice las torturas de que se les acusa, recurrían a héroes del cine -Rick Deckard, el Harrison Ford de Blade Runner- o de la pornografía para rebautizarse.

La tripulación más activa utilizó Mallorca como base de un Boeing-737 adquirido por Estados Unidos poco después del 11-S, y puesto de inmediato al servicio de secuestros camuflados bajo vuelos privados. Hasta que fue descubierto, la matrícula del aparato era N313P. La serie numérica coincide con las placas del coche del Pato Donald, en otra muestra del extraño sentido del humor de espías acusados de secuestro y lesiones.

Cuatro de los trece viajeros frecuentes a Mallorca han sido identificados con alta probabilidad. El piloto que se registró como Kirk James Bird -jugando con el apelativo del comandante de la nave Enterprise en la serie Star Trek- coincide, al restaurar su filiación, con Harry Kirk Elarbee. Se conoce con detalle su dirección en Carolina del Norte pues, al igual que todos su compañeros, reside en las inmediaciones de Fort Bragg, sede de la Delta Force y de los comandos de operaciones especiales del ejército norteamericano. Conduce un Ford, es instructor de vuelo y colecciona maquetas de aviones.

James Kovalesky se registraba en los hoteles mallorquines como James Fairing. Tiene 54 años, tres coches Toyota y una avioneta Cessna.Colecciona maquetas de trenes, y la apacibilidad de su existencia viene refrendada por el acuario del salón de su casa. Vive también en Carolina del Norte, al igual que las empresas fantasma utilizadas para camuflar la propiedad y el flete de los aviones de la CIA.

Eric Robert Hume cuadra con los datos del piloto que en Mallorca se hacía llamar Eric Matthew Fain. Hoy es un cuarentañero barbudo, salvo que haya decidido prescindir de ese aditamento facial. De todas formas, los secuestrados apenas podían ver a sus captores, dado que llevaban el rostro completamente cubierto. Este profesional de la aviación ha adquirido incluso notoriedad televisiva. Hace dos años, un equipo del prestigioso programa alemán Panorama visitó su domicilio, también en Carolina del Norte.

Al abrir la puerta, se encontró con un periodista que le apuntaba con un micrófono:
-¡Buenos días! Nos gustaría preguntarle por el secuestro de Khaled el-Masri. Soy John Goetz, de la televisión alemana. Recibió una respuesta lacónica y sin demasiado sentido. Un familiar del tripulante del avión de la CIA increpó a los periodistas alemanes. A la siguiente visita, la casa estaba custodiada por el sheriff.

Si las identidades dobles reconcilian al lector con la literatura de espionaje, el caso más inquietante ha de corresponder al miembro del equipo de secuestros que no ocultó su identidad en la recepción de los establecimientos mallorquines. El teniente Lyle Edgard Lumsden III, miembro de los boinas verdes salido de Fort Bragg, formaba parte del cuerpo médico, y es probable que ingresara en el comando con esa capacitación.

Juristas ingleses sostienen que actuó a identidad descubierta por la dificultad de forjar una mentira en el ámbito sanitario. Disponía en todo caso de un apodo -Uncle Bud-, difundido entre sus allegados. Entusiasta de las películas de Mel Brooks, su misión en los vuelos de la CIA debió evocarle una versión no muy honrosa de El jovencito Frankenstein, sátira del humorista norteamericano.

Entre los secuestradores del B-737 que iniciaba sus operaciones en Palma, se contaban dos mujeres. Una de ellas utilizaba el alias de Patricia O´Riley, una versión demasiado aproximada del legendario entrenador de la NBA, Pat Riley, con su origen irlandés reforzado.

La otra componente de la banda es Jane Payne, de nuevo un alias. A través de las reminiscencias de los secuestrados desde Mallorca, se sabe que era una mujer blanca, de ojos azules y 1.60 de estatura. Se encargaba de fotografiar desnudos a los secuestrados. Según cuenta Binyam Mohamed, "uno de los soldados agarró mi pene y ella tomó fotografías"(...)

Los caballeros también saben romper un pacto


Revista de prensa (El País)

Bélgica rompe con el servicio secreto de Rabat por injerencia
Bruselas exige la salida inmediata de tres "diplomáticos" marroquíes (las comillas son mías)
I. CEMBRERO - Madrid - 24/11/2008

La lucha antiterrorista es una prioridad, pero la cooperación entre servicios secretos de diversos países a veces se frena o incluso se interrumpe por culpa de las fricciones y rivalidades que surgen entre ellos durante una investigación. La Seguridad del Estado belga ha roto los contactos con la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el espionaje exterior marroquí, que dirige Yassin Mansouri, de 46 años.

La "gota de agua que ha hecho desbordar el vaso" de la paciencia de los belgas ha sido la "falta de colaboración marroquí en el caso Abdelkader Belliraj", según Alain Winants, de 54 años, el jefe del servicio secreto belga.
Belliraj, de 50 años, es un belga de origen marroquí que fue detenido en febrero en Marruecos y cuyo juicio acaba de empezar en Salé, en las afueras de Rabat, junto con el de 33 islamistas, entre ellos tres líderes políticos. (Sigue)